Puede que Amaia y Alfred no hayan dejado el listón de España muy alto que digamos en el reciente festival de Eurovisión, pero por encima de la música hubo una gran triunfadora el pasado fin de semana: Lisboa, la ciudad que acogió la competición y fue punto de peregrinación para decenas de miles de europeos. La capital portuguesa, pese a tenerla tan cerca, sigue siendo un misterio para muchísima gente. Y teniendo en cuenta la belleza que desprende, así como su amplísima oferta cultural, ya va siendo hora de que se reivindique como se merece a esta ciudad que enamora a todo aquel que decide perderse por sus calles. Desde aquí te señalamos algunos de los lugares que por nada del mundo deberías perderte. Si estás pensando en hacer una escapadita, o bien ahora o ya de cara al verano, ya sabes que desde Travel Partners podemos ayudarte para que todo salga perfecto.

 

El Puente del 25 de Abril

Puente 25 abril

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Si en vez de por el aire decides ir a Lisboa en vehículo, casi seguro que para entrar a la ciudad tendrás que pasar por el impresionante Puente del 25 de Abril. Este puente colgante que se extiende a lo largo de casi dos kilómetros fue terminado en 1998, y desde entonces se ha convertido en todo un icono no sólo de la ciudad, sino para todos los portugueses. Desde lo alto se puede tener una imagen del río Tajo perfecta, y quien lo atraviesa tiene la sensación incluso de encontrarse en el Golden Gate de San Francisco. La comparación está más que justificada: ambos puentes son un ejemplo perfecto de mega construcción al servicio de los ciudadanos con una estética cuidadísima. No se nos ocurre una mejor primera toma de contacto para enamorarse de la capital portuguesa.

 

Torre de Belém

Tomando uno de sus tranvías llegarás en un suspiro a este monumento de obligada visita. Construido a principios del siglo XVI a orillas del Tajo, esta fortificación defensiva fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Y lo entendemos perfectamente porque más allá del edificio en sí las vistas son tan imponentes que muy probablemente agotarás la memoria del móvil tomando fotografías. Tras hacer la visita de rigor siempre puedes dar un paseo siguiendo el río que te llevará en unos quince minutos a uno de los establecimientos más emblemáticos de Portugal: la pastelería Pastéis de Belém en la que podrás degustar el famosísimo pastelito del mismo nombre, el cual es toda una delicia para aquellos que prefieren la crema al chocolate. Siempre hay colas para comprar, pero te recomendamos que lo pidas take away si el tiempo acompaña.

 

Plaza del Comercio

Sin lugar a dudas, se trata de la plaza más famosa de toda Lisboa. Situada a orillas del Tajo, la entrada principal para acceder a la extensa plaza es mediante un Arco Triunfal del todo imponente. La zona está repleta de turistas durante prácticamente todo el día, pero se antoja como un lugar perfecto para tomarse un café o ver la puesta de sol. Por arte de magia sentirás que te encuentras en otra época.

 

Elevador de Santa Justa

Quizás se trata del edificio más atípico de la capital portuguesa. ¿Por qué? Pues básicamente porque más allá de encontrarse algo escondido en el corazón comercial de la ciudad, este ascensor neogótico tiene una fisionomía pocas veces vista que recuerda incluso a la archiconocida Torre Eiffel parisina. Por mucho que haya colas para acceder te recomendamos que seas paciente, ya que las vistas panorámicas que recibes de la ciudad son inmejorables. Aunque recuerda que, asimismo, más allá de este elevador Lisboa cuenta con infinidad de miradores (gratuitos, por supuesto) en los que podrás no sólo descansar, sino tener una imagen inmejorable de todo lo que se encuentra a tu alrededor. Por citar algunos, no deberías dejar la ocasión de dejarte caer por el mirador de Santa Catalina, el de Santa Lucía o el de San Pedro de Alcántara.

 

Barrio Alto

Barrio Alto

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Cuando la noche hace acto de presencia la energía de la ciudad se traslada hasta Barrio Alto. Sus empinadas calles pueden asustar a primeras, pero no debes temer porque no resulta nada complicado moverse por ahí. Situado justo por encima del también imprescindible barrio de Alfama, Barrio Alto es el lugar perfecto para poder disfrutar de un espectáculo de fados y de una buena copa. Hay bares por todos lados y los lugareños, en vez de estar dentro de los establecimientos, son muy dados a llevarse la bebida a la calle. Vayas solo o acompañado no te aburrirás en absoluto, ya que los lisboetas son tan amigables que a la primera de cambio te verás hablando con un montón de gente y podrás conocer de primera mano cómo los autóctonos disfrutan de su propia ciudad.

 

Castillo de San Jorge

Esta fortificación construida en el siglo VI es toda una superviviente. Ha resistido guerras y hasta un fuerte terremoto, pero a pesar de las vicisitudes ahí sigue brillando con luz propia. Las vistas de Lisboa son inmejorables desde ahí, pero aún sorprende más poder ver de cerca lo bien que se conservan sus dieciocho torres. Y es más, quienes quieran conocer mejor que nadie la historia de Lisboa en el antiguo palacio encontrarán un museo donde se detallan las diversas etapas por las que la capital portuguesa ha pasado a lo largo de los últimos siglos. Imprescindible no, lo siguiente.